En 1929 conoce a Jean Paul Sartre en la Sorbona, donde ambos estudiaban filosofía. Fue profesora de filosofía hasta la ocupación alemana en París en 1943, circunstancia que la alejó de la enseñanza, tomando parte en la Resistencia Francesa. En su primera novela, "La invitada" (1943), exploró los dilemas existencialistas de la libertad, la acción y la responsabilidad individual, temas que aborda igualmente en novelas posteriores como"La sangre de los otros" (1944) y "Los mandarines" (1954), novela por la que recibió el Premio Goncourt. Las tesis existencialistas, según las cuales cada uno es responsable de sí mismo, se introducen también en una serie de obras autobiográficas, cuatro en total, entre las que destacan "Memorias de una joven formal" (1958) y "Final de cuentas" (1972). Sus obras ofrecen una visión sumamente reveladora de su vida y su tiempo. Entre sus ensayos escritos cabe destacar "El segundo sexo" (1949), obra clace y referente del feminismo; "La vejez" (1970), sobre el proceso de envejecimiento donde critica apasionadamente la actitud de la sociedad hacia los ancianos y "La ceremonia del adiós"1981), donde evoca la figura de Sartre.
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