jueves, 8 de enero de 2009

La vida de una mujer interesante

Hipatia de Alejandría

He encontrado una, tiene que haber más, una tal Hipatía de Alejandría, de la que me han impactado las circunstancias que le permitieron acceder en el estudio a dónde sólo podían hacerlo los hombres, para caer después, los hombres no podían perdonar tanta osadía, victima de su condición de mujer. Impactante también, y muy elocuente, las circunstancias de su caída.Hipatia, nacida en el año 370 dC., fué la hija del matemático Teón, director de la gran biblioteca de Alejandría, en aquél momento el mayor centro científico y cultural del mundo. Este hombre experimentó en su hija algo que otros han intentado otras veces a lo largo de la historia y que casi siempre resulta un fracaso: Formar un ser humano perfecto. Parece ser que Teón lo consiguió a través del ejercicio físico y las matemáticas, además, naturalmente, del tremendo potencial intelectual y otras portentosas virtudes de la chica, entre las que también se incluía, es importante resaltarlo para nuestra historia, una gran belleza física.Muy pronto, atraídos por su elocuencia, sus grandes conocimientos matemáticos y, para qué vamos a engañarnos, por su belleza sin par, comenzaron a acudir infinidad de discípulos de todos los confines del mundo, entre los que destacó un tal Silesio, obispo de Cirene, gracias a cuyas cartas ha llegado hasta nuestros días la historia de esta mujer, de la que Silesio, como tantos otros, y pasándose por el forro su condición de obispo de la Iglesia Romana, la carne es débil, se enamoró hasta las trancas. Por Silesio sabemos las aportaciones de aquella maravillosa mujer a las ecuaciones diofánticas (que no sé ni qué son), el higroscopio (tampoco), el astrolabio (eso ya me suena más), el canon astronómico de Ptolomeo, etcétera.El caso es que los romanos en aquella época tenían en Alejandría de prefecto a un tal Orestes quien, cómo no, se sentía también atraído por Hipatia y se les veía a menudo departir amigablemente. En aquella Alejandría, medio cristiana, campeaba como patriarca un tal Cirilo que por las causas que fueren, entre las que no pueden ser ajenas esa obsesión histórica de los meapilas fanáticos monoteístas por acabar con todo lo que les suene a pagano, mandó a sus monjes a matar a Orestes. Casi lo consiguen, pero Orestes sobrevivió y mandó torturar hasta la muerte al jefe de los monjes que habían atentado contra él. Aquellos romanos, como buenos imperialistas, tampoco tenían mucho problema cuando se trataba de trinchar lacarne de sus enemigos.Este hecho no le hizo ninguna gracia a Cirilo, se volvió loco....Y, muy sagaz, el muy bestia cobarde, mandó esta vez a sus monjes de asalto, esos monjes con espada que a tanta gente han matado en nombre de su dios misericordioso, a por Hipatia, la excelsa y bella pagana amiga del prefecto Orestes.Según cuenta un tal Sócrates Escolástico, coetáneo de Hipatia: "Asaltaron su carruaje, la arrastraron hasta una Iglesia llamada Caesarium, la desnudaron, la despellejaron con conchas afiladas, la descuartizaron y llevaron sus restos hasta la plaza Cinaron, donde los quemaron hasta reducirlos a cenizas."Orestes, además del dolor, tuvo que ver como sus jefes le destituían por no evitar el impactante asesinato. Sin embargo, a Cirilo, por estas y algunas otras piadosas hazañas que me puedo imaginar.... lo hicieron santo!!!...San Cirilo de Alejandría, si señor!! Se puede consultar cualquier santoral y se verá como figura ahí , en la "C" de Cirilo, aquel asesino. Algún alma cándida le habrá puesto a su vástago "Cirilín" en honor de tan insigne y santo varón cristiano...Así se escribe la historia………….
Y es que lo de los curas viene de lejos...Y nosotros, aún les seguimos financiando a los herederos de Cirilo sus orondas barrigotas y acercándoles a sus falaces hocicos los micrófonos necesarios para que les sigan vendiendo las falsas y trucadas motos a los más mansos de entre nosotros que, sin darse cuenta y al seguirles el juego, nos tienen a todos colocados en el anacronismo de cuando la ciencia aún no había desmontado, como lo ha hecho, todas y cada una de sus falacias dogmáticas.

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